SAL NEGRA DEL HIMALAYA kala namak 220 g

Hay quien dice que sabe a huevo frito, otros que a huevo cocido. Pero lo que te podemos asegurar es que SABE A HUEVO. Es más saludable que otros tipos de sal y es perfecto para darle el toque definitivo a una suculenta tortilla de patatas vegana, así como a revueltos de tofu y decenas de platos más.

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Qué es la sal kala namak y por qué sabe a huevo

Conocida como sal negra del Himalaya, kala namak, sanchal, o simplemente sal negra, es un curioso tipo de sal que aporta sabor a huevo, lo que la hace ideal para sustituir a este en decenas de recetas veganas, como la tortilla de patatas. Con alto valor nutricional, tiene más hierro y sulfatos que otros tipos de sal, y es precisamente el sulfuro de hidrógeno que contiene lo que le aporta ese característico sabor a huevo. Algunos dicen que sabe más a huevo frito, otros que a huevo cocido…pero lo que queda claro es que SABE A HUEVO. Es de origen volcánico y color gris oscuro. Se recoge directamente de la roca, sin ningún tipo de refinado.

 

Sal negra del Himalaya: propiedades y ventajas

Además de ser un perfecto sustituto del sabor del huevo en recetas veganas, esta sal presenta algunas ventajas nutricionales que la hacen más interesante que la mayor parte de las sales del mercado, y desde luego mucho más que las de producción industrial. Estas son las más destacables:

  • Tiene menos sodio que la sal común, por lo que es más apta para personas con hipertensión.
  • En ciertas culturas africanas y asiáticas, se ha utilizado tradicionalmente contra el ardor de estómago y la flatulencia. No existe evidencia científica de este beneficio, pero sí es asumido como cierto en ciertas regiones del planeta.
  • Ten en cuenta en todo caso, que sigue siendo sal, y su consumo debería ser moderado para llevar una dieta equilibrada, y que su uso debería excluir o equilibrar al de la sal común al utilizarla en recetas.
  • Se dice también que fortalece el cabello y contribuye a la salud de la piel, pero lo cierto es que no existe evidencia científica al respecto.

 

Cómo usar kala namak: recetas y trucos

La tortilla de patata vegana es sin duda el plato más habitual en el que se utiliza esta sal, pero hay mucho más allá. Te damos algunas ideas de platos en los que puedes usarla:

  • Revuelto de tofu. ¿Por qué no? Si echas de menos el sabor del huevo, o si quieres excluirlo definitivamente de tu dieta, sustituye la sal normal por esta, y verás cómo ya sí que no hay ninguna diferencia con el original. Un truco: pon algo menos de cantidad de kala namak de lo que pondrías de sal normal, y ve probando, porque el sabor de la sal negra no es precisamente sutil: con sólo un poco ya notarás claramente el olor y sabor a huevo.
  • Huevo vegano cocido. Esto es cosa de brujería, porque lo hemos probado y te podemos asegurar que no tiene nada que envidiar al original. La receta se hace con agar agar, que porta al “huevo” esa consistencia gelatinosa, y la kala namak le da el toque final: indistinguible.
  • Quiche vegana sin huevo. Si no la has probado, te invitamos a hacerla, porque es imposible notar la diferencia, y además con sólo un poco de sal negra, consigues el sabor a huevo.
  • Eggy bread vegano. Un clásico inglés súper fácil de hacer y de veganizar: usa cualquier sustituto del huevo para hacer la cantidad equivalente a dos huevos batidos. Pon un poco de kala namak y pimienta negra. Coge dos rebanadas de pan de molde y empápalas con el líquido. Fríelas a fuego medio con margarina en lugar de aceite, hasta que estén doradas. Sírvelas con unas lonchas de bacon vegano y tienes un desayuno continental 100% vegano.
  • Mayonesa vegana. Como probablemente sabrás, puedes hacerla con leche de soja (no azucarada) y aceite de girasol. Pues si además le echas una pizca de kala namak, ya la tienes completa, con sabor a huevo y todo.
  • Patatas fritas, salmorejo, y todos aquellos platos, salsas e ingredientes a los que quieras dotar de sabor a huevo sin condenar a las gallinas a una vida de torturas y penurias.

 

Por qué no comer huevos

No vamos a profundizar aquí en cuestiones nutricionales, pero sí en cuestiones éticas. En Quinto Mandamiento no promovemos una alimentación vegana por salud (que en buena medida también), sino porque consideramos que los animales no humanos viven un auténtico infierno en su paso por este planeta. En concreto, las gallinas sufren lo indecible para que los humanos puedan comer huevos, un alimento completamente prescindible, sin el que podemos llevar una dieta perfectamente saludable y equilibrada. Estas son algunas de las lindezas a las que se somete a las gallinas para que pongan huevos muy por encima de lo que la naturaleza dicta:

  • El 93% de los huevos que se producen en España son puestos por gallinas que viven toda su vida hacinadas, en granjas industriales sin luz solar y sin espacio para moverse. Son tratadas como meros objetos, como máquinas de producción.
  • Los huevos que ponen son incubados en incubadoras artificiales industriales, en ciclos de 21 días, tras los cuales los pollos macho son “destruidos” nada más nacer (normalmente triturados), ya que no sirven “para carne”, al ser de una raza “ponedora”, y las hembras pasan a ser gallinas ponedoras.
  • Son modificadas genéticamente para poner más huevos. Esto provoca consecuencias gravísimas para su salud, como descalcificación, que provoca todo tipo de lesiones y fracturas. Por supuesto, la industria de explotación no se encarga de llevarlas al veterinario para que les curen estas lesiones: sufren lo indecible hasta que sus maltrechos cuerpos no dan más de sí y dejan de producir, momento en el que son sacrificadas. Este momento llega como máximo al cabo de dos años, mientras que en libertad su esperanza de vida es de 8 años.
  • Son privadas de luz natural, y sus metabolismos son manipulados mediante iluminación artificial durante interminables horas, de forma que pongan más y más huevos.
  • Cerca de un 20% de las gallinas mueren en sus jaulas, debido a las duras condiciones de hacinamiento.
  • Que no te engañen con el cuento del bienestar animal: únicamente un 0,3% de los huevos producidos en España son de procedencia ecológica, y únicamente un 4% vienen de gallinas camperas.
  • La industria de explotación animal, también la de pollos y gallinas, es tremendamente tóxica para el planeta, causando todo tipo de contaminación ambiental: CO2, metano, contaminación de aguas subterráneas, resistencia humana a antibióticos, problemas de salud hormonal, contagios víricos de animales de granja a humanos, y un largo etcétera. Ya no es sólo una cuestión ética, sino también una cuestión ambiental y de salud pública.
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